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sábado, 2 de febrero de 2013

Capítulo XX Los quince años - Parte VII




-Escenario [imposible] Nº 3-
Motor S3

Alberto se encontraba recargado en la silla de la mesita de la computadora portátil de Sonia, veía una película que había comprado antes de llegar a visitarla, ya llevaba varios días de viaje, había pasado los primeros tres en la capital visitando a Hugo, donde compró su película, vio algunos cómics, comió la pizza de los dioses, en palabras (bien justificadas) de Hugo y había comprado una máscara de Guy Fawkes, había llegado esa misma mañana, Sonia lo llevó de la central de autobuses a su departamento, de hecho Alberto la esperaba, irían a un concierto de la banda de metal de un amigo de ella, solo que estaba demorándose mucho en tomar una ducha.

-¿Ya estás listo Albert?-dijo mientras entraba secándose el cabello y solo llevaba puesto su pantalón y el sostén.
-Cla…ro-dijo levantando la vista y alzando una ceja.
-Ah sí-dijo como si nada-Has de pensar ¡Ah, esta semidesnuda!
-Qué va-respondió mientras guardaba el disco en su caja-Después de haber vivido un rato con una compañera de cuarto te acostumbras a esas escenas.

Pero había “algo” dentro de Alberto, un enorme deseo de solo tomarla y arrojarla a la cama y dejar salir sus más bajos instintos, satisfacer su libido hasta que sintiera asco del cuerpo que estaba tomando.

-Vámonos-dijo apagando la luz-Tenemos que pasar a por un amigo y recuerda-agregó dándole un golpecito en la cabeza-Eres mi primo lejano que vino de visita ¿De acuerdo?
-Si, ya se-respondió Alberto rascándose dónde lo había golpeado-Seremos como dos extraños en un lugar diferente, haré como si no nos conociéramos.
-Tampoco te vayas por las ramas-le aclaró-Solo somos primos, si te pones más denso, mi amigo no se la va a creer y te dije que es tan tierno y abusable, se me declaróhace unos días y sería una estupidez que le diga “Mira, este wey es mi ex novio”.
-Chale-respondió-¿No te basta solo con Violeta?
-Ay Albert-le dijo poniéndole la mano en el hombro-A veces pienso que me llevo más gente a la cama que tú.

Alberto se crispó un poco por el comentario pero ambos empezaron a reír mientras bajaban las escaleras. Salieron del edificio de departamentos y emprendieron la corta caminata hacía el centro, dónde ya los esperaba el amigo de Sonia.
-Hola Martín-lo saludó Sonia-Este es mi primo Albert, del DF.
-Hola mucho gusto-lo saludó Martín dándole la mano.
-¿Qué tal?-dijo Alberto.
-¿Ya nos vamos?-dijo Sonia-¿Tomamos un taxi o camión?  
-Mejor caminamos un tramo-propuso Martín-Y después tomamos un taxi.

Empezaron a caminar por las calles de la ciudad, Sonia y Martín platicaban animadamente, mientras Alberto los seguía un poco más atrás, sumido en sus pensamientos.

“Ellos tiene lo que quiero, ¿Por qué me dan un poco?, solo una noche y se las dejo mañana. ¡Lo juro! Yo jamás rompería una promesa, aun que fuese hecha en el calor del momento. Tienen lo que necesito, que me compartan un poco, yo no he tenido a nadie más en mi vida”

-¿Por qué tan serio primo?-dijo Sonia tomándole el brazo-Él también es baterista Martín.
-¿Y qué tipo de música tocas?-le preguntó.
-Ah-dudó Alberto, lo habían sacado de golpe de sus pensamientos-Rock progresivo, algo de Hard rock, más o menos algo de metal y britpop.
-En ese último la regaste-contestó Martín-Bueno ¿Y qué batería tienes?
-Una Pearl negra-respondió Alberto-Con platillos Zildjianpaiste y sabian.
-Una buena batería y tocas britpop, chale.

Siguieron caminando hasta una esquina y tomaron un taxi para que los llevara al lugar de la tocada “Escenario 201”, ya en el lugar saludaron a su otro amigo y pasaron a ocupar una mesa, pronto empezó la tocada, los rápidos acordes salían desgarrando las bocinas, la pesada percusión hacía temblar el lugar, Martín fue a la barra a pagar el descorche de una botella de tequila que había llevado, sirvió unos tragos bastante fuertes, después de algunos tragos más, todos ya perciben esa sensación del alcohol en el cuerpo, Alberto ve como Sonia y Martín empiezan a besarse y solo dice.

-What you ever wanted, what you ever needed, but now other one has it, so, you’re fucked!

Martín deja de besar a Sonia y le dice algo, no le entiende en absoluto, siguen besándose y Alberto gritaba acompañando las canciones, en una pausa entre canciones Sonia le dice al oído.

-No te pongas celoso Alberto.
-¿Para qué?-respondió-Sería ponerme celoso por algo que no tengo.
-Si, pero siempre te pones raro.

Le mordió un poco la oreja y le dio un besito en la mejilla, de ahí en adelante todo se volvió borroso y obscuro.

[…]
Bajando a lo más profundo

Por una gran escalera de caracol descendía un grupo de cinco personas, cuatro vestidos de la misma manera y uno vestido con un frac negro.

-¿A dónde llevan estas escaleras?-preguntó el joven del frac.
-A dónde se gestó el motor S3 joven amigo-le respondió Alberto-Lo más profundo de tu alma, dentro del las paredes del muro.
-Allí te dejaremos con él-dijo José-Solo esperamos que hagas lo que quieras.
-¿Hacer lo que quiera?-respondió el joven-Bueno, es lo único que me queda.
-¿Te molesta eso?-le preguntó J. Alberto.
-Si, eh, no, bueno-dudó el joven-No lo sé, pienso que debería hacer algo por lograr el equilibrio entre ustedes, ese es el objetivo de la restructuración ¿No?
-No hay objetivos-respondió Aljeos-Si tú no quieres.
-Es que una parte de mi quiere quedarse-dijo el joven-No salir ni enfrentarse al mundo.
-¿Es eso lo que quieres?-preguntó Alberto.
-Pero no es lo correcto-respondió el joven-Aunque no tengo ni idea de que sea lo correcto.
-Tranquilo-dijo José-Pronto, muy pronto, lo sabrás.



miércoles, 9 de enero de 2013

Capítulo XX Los quince años parte VI


-Escenario Nº 2-
Motor S2

Tres años atrás

Alberto estaba tumbado boca arriba en su cama, tenía en sus manos su teléfono móvil y revisaba algunos de los mensajes que había intercambiado con Sonia, su, ahora, ex novia, mientras estaba en Guanajuato de viaje con sus padres.

            “Oye, ya llevamos un rato de novios y no te he preguntado esto, pero, ¿Qué es lo que piensas de mí? (Me adelanto a tu respuesta: Un freak…)” decía su mensaje.
            “No pienso eso, eres un chico que dice lo que piensa y no se lo guarda, no como yo, que suelo guardarme todo”
            “Ah, qué bueno, yo pienso que has de guardar esos pensamientos por que debes tener una razón para hacerlo, eres seria y reservada, pero cariñosa con este torpe XD”
           
Pasó por alto algunos mensajes hasta llegar a otros que abrió y revisó.

            “Hoy mis tíos y mis padres se pusieron a hablar de parejas y me preguntaron si tenía, les dije que sí y me dijeron que te cuidara, que nos lleváramos bien”
            “Chale, ni que nos fuéramos a casar XP”
            “No, eso ya lo sé, lo nuestro tarde o temprano terminará, pero te confesaré que me encantaría casarme contigo”

Un gato negro se puso a maullar, sacándolo del trance en el que estaba, lo levantó y lo llevó a dónde estaba su comida, lo había conseguido para Sonia, pese a haber terminado, seguían llevándose bien y salían de vez en cuando, esto había hecho creer al joven baterista que todavía tenía una posibilidad de “regresar” con ella, escribía planes e incluso temarios para hacer “exploraciones” sobre los posibles resultados de proponerle volver  a Sonia, todos sus resultados indicaban una posible negativa.

Esto lo pensaba debido a que hubo un tiempo en el que ella lo rechazaba un poco e incluso se mostraba un poco hostil, pero Alberto seguía ahí, deambulando, esperando por la más mínima migaja de cariño para alimentar a su “Motor S2”, terminó que inventó él para llamar así a una segunda relación con Sonia, a la primera le llamó S1.

            -Bien gato-dijo rascándole la cabeza al animalito-Me has costado un poco de trabajo, pero contigo planeo volver con Sonia, cosa que dudo que resulte, pero no me quedaré sin hacer nada.

El gato se relamió los bigotes y se le quedo viendo, caminó por el departamento siguiendo los pasos del joven, desde un tiempo antes de que Sonia terminara con él, se había encerrado por mucho tiempo en su departamento, dibujando en las paredes, haciendo dibujos al carbón en varias hojas, o solo permanecía tumbado en su cama, apenas y tenía ánimos para hacer sus tareas e ir al bachiller, pero sus amigos lo hacían olvidar a ratos su dolor. Pero ese día estaba particularmente inquieto, había conseguido el gato para regalárselo a Sonia, además, esa misma tarde le propondría regresar, escribía versillos en un libreta, corregía algunos y borraba otros, dibujaba bocetos que no terminaba, cerca de las seis de la tarde metió al gato en su jaula y partió hacia el café en el que siempre se veían.

Sonia ya lo esperaba afuera, parecía que se despedía con afecto de una chica, pero Alberto no notó nada de esto, estaba completamente sumido en su plan. Se saludaron y Sonia acarició al gato a través de la jaula.

            -Gracias por el gato Albert-le dijo-Ahora, ¿A qué te refieres con un motor S2?
            -Pues-respondió-Básicamente es una segunda relación contigo, tú eres la única que ha dejado una huella en mi vida.
            -Ya me lo temía-suspiró y puso la jaula del gato en el suelo-Mira, eso no es posible, lo hecho, hecho está, me he topado con varias chicas a las que les gustas, pero estas tan obsesionado conmigo que ni siquiera te has dado cuenta de ellas, te empezaste a aislar de los demás, has comenzado a cultivar una soledad y te has forjado el ideal de que si no estás conmigo, no estarás con nadie, lo que necesitas es más contacto humano.
            -Pero todo el contacto humano que quiero, quiero que venga de ti-replicó Alberto-Pero ahora ya se con certeza que eso no es posible, pero debía sacar esto de mi pecho, yo solamente te amo, aunque no sea correspondido.
            -Alberto-dijo Sonia-Yo no sabría que decirte.
            -¡Entonces miénteme!-contestó desesperado-¡Di que todo eso fue un error, que nada va a cambiar! ¡¿Qué soy yo si no puedo estar contigo?!
            -Mira-le tomó la mano-Todo este dolor por el que estas pasando es de tu propia creación, deja de aislarte y de encerrarte en tú mundo.
            -Tienes razón-dijo un poco más relajado-Perdona toda esta escenita.
            -Explotaste más suave de lo que me esperaba-respondió Sonia con una sonrisa.

[…]

Me sentía poco mareado, todas estas escenas las tenía por completo olvidadas, eran los recuerdos que fueron apiñados en un rincón de mí ser y fueron abandonados ahí, con la esperanza que se esfumaran.
           
            -Vaya-dijo José-Lo estas tomando muy bien, mejor de lo que esperaba.
            -¿Ahora qué es lo que sigue?-pregunté un poco entrecortadamente.
            -Viene algo que en verdad dejaste de lado-contestó Alberto-Los deseos carnales, pero en vista que solo los alimentaste con imágenes de Sonia se creó el motor S3, pero no es precisamente un modelo “S”.
            -¿Otro motor? ¿Y como que es S pero no es S?
            -Así es-dijo José-Pero este tiene una particularidad, es un motor al que no le importa que mujer se encuentre cerca, siempre empieza a trabajar con la que tiene a su alcance, ahora, esto puede ser perjudicial o beneficioso.
            -Es un “modelo” curioso-comentó Alberto-Puede ser terriblemente destructivo o tener una gran fuerza creadora.
            -Pero dejemos que tú lo descubras-interrumpió J. Alberto. 

De nuevo todo se puso negro.

[…]

miércoles, 2 de enero de 2013

Capítulo XX Los quince años parte V


-Escenario  Nº 1-
Motores S: Origen

Tres años y cinco meses antes

El pulso como loco, las bocinas casi reventando, el público completamente enloquecido, en el escenario, “The Anonimus” deleitaba a la muchedumbre, pero el baterista se veía retraído, hasta ausente, su rostro no parecía inmutarse ni expresar la más mínima emoción, con un último remate, el batería dio por terminada la canción con la que el grupo se despedía.

            -¡AH!-respiró el vocalista ya en el cuarto trasero del escenario-Otra buena tocada, ¿Vamos por unos tragos?
            -Yo paso-dijo el baterista secándose el sudor de la cara-Me voy ya para mi casa.
            -Vamos calvo-le dijo el guitarrista-Ya pasaron más de dos meses, ya supera lo de María.
            -Anda-lo animó el bajista-Solo un trago.
            -Bah, de acuerdo.

Saliendo de ese cuarto y mezclándose con la gente se dirigieron a la barra, el vocalista pidió un tequila Sunrise, el bajista y guitarrista unas micheladas y el baterista un vampiro, cuando todos tuvieron sus tragos, buscaron una mesa libre, una vez sentados, todos chocaron los vasos.

            -Por “The Anonimus”-dijeron.

Pese a que se veía un poco más animado por el trago, el batería no dejaba de mostrarse ausente.

Al siguiente día, en el salón de clases que compartían los integrantes en el bachiller de la ciudad, todos se veían un poco trasnochados por la tocada y los tragos, de los cuales se les había ido la mano en la sexta ronda, pero trataban de tomar notas para no reprobar ese bimestre, del cual dependía el permiso de sus padres para mantener la banda.

            -Hugh-dijo el vocalista en un descanso-Vamos a la cafetería por un refresco o algo para comer.
            -Bueno Hugo-dijo el guitarrista-Pero yo solo quiero el refresco, si como algo siento que me voy a vomitar.
            -Ay mugre Oscar nenita-le dijo el bajista-Yo quiero una torta de jamón y un refrescote.
            -Eso lo dices tú Isaac-intervino el baterista-Pero a ti nunca te pega tanto la cruda.

Caminaron hacía la cafetería bromeando y comentado los detalles de la tocada de la noche pasada, ya una vez que compraron sus cosas e iban de regreso a su salón, Oscar el guitarrista propuso ensayar esa tarde.

            -Bueno-dijo el baterista-Pero después de que tenga lista la tarea de inglés para pasárselas.
            -¡Ah cierto!-exclamó Isaac-Qué bueno que lo dice Alberto ¿Cuál me toca?
            -La de matemáticas-le respondió Hugo-A mí me toca la de taller de lectura y la de química, total, es poca.
            -Y creo que a mí me toca de física y biología-añadió Oscar.
            -Bueno-dijo Alberto-Pasamos por Oscar a su clase de guitarra en la casa de la cultura como a las seis ¿no?
            -Perfecto y de ahí nos vamos a ensayar a la bodega y terminando hacemos la tarea-acordó Hugo.
            -Bueno apurémonos a tragar que ya mero empieza la siguiente clase.

Eran las seis y cuarto, en la clase de guitarra de Oscar ya se encontraba Alberto esperando a que terminara, mientras que una chica vestida de negro que practicaba enfrente de él lo veía intermitentemente, cosa que puso un poco nervioso a el joven baterista.

            -Perdón por llegar tarde-dijo Isaac al entrar-Pero me quedé a comer en mi casa y apenas terminé la tarea.
            -No hay problema-dijo Alberto e hizo un gesto con la mano-A este wey le falta otro rato en su clase.           
            -¡Ay mendigo Alberto!-le dijo Isaac dándole un codazo en las costillas-¿Ya viste? La chava de enfrente no más se te queda viendo.
            -Si ya me di cuenta-respondió sobándose las costillas-Me da algo de miedo, su mirada es como que muy penetrante.
            -¿Acaso eres idiota?-le contestó-Es porque le interesas, baboso.
            -Qué va ser.
            -Bueno-dijo Isaac-Yo si le voy a hablar, a ver qué pedo.
Y dicho esto, se levanto, tomó prestado un bajo y se puso a practicar cerca de la chica, al cabo de un rato ya estaban platicando, para Alberto le resulto un poco decepcionante el que no hubiera tenido las agallas para ir a platicar con la chica, pero desde el incidente con María, sus agallas parecían haberse ido de vacaciones.

            -¡Oye Alberto!-llamo su atención Isaac, sacándolo de sus pensamientos-¿Traes tu discman? Es que la compañera quiere mostrarme algo de música.
            -Espera-dijo revolviendo en su mochila-Por aquí anda.

Tras una pequeña espera sacó el aparato de su mochila se levantó y se acerco a ellos, le puso pilas y sacó el CD que llevaba dentro.

            -Ah, ese disco-dijo la chica-Es de una serie japonesa ¿Cierto?
            -Pues si-admitió Alberto-Es de “Escaflowne”, es muy épico, por eso me gusta.
            -Ya veo-comentó la chica-¿Has escuchado alguna vez a “Lacrimosa”?
            -No-respondió-Pero hubo un tiempo en el que estuve tentado a comprar uno de sus discos, pero algo me dijo que no lo necesitaría.
            -Weyes-intervino Oscar-Ya está el Hugo allá afuera, vámonos.
            -Bueno compañera…-Isaac hizo una pausa, como preguntándole su nombre.
            -Sonia-respondió-Sonia Carmona.
            -Sonia-continuó-Yo soy Isaac y él es Alberto, nos vemos.
            -Si quieres-empezó Alberto-Te puedo prestar el disco.
            -En otra ocasión-respondió Sonia y se despidió con gesto de la mano.

Ese encuentro estaba sellado, estos dos jóvenes empezarían un nuevo romance.

Pasaron unas semanas desde ese encuentro, el joven baterista se sentía recargado y lleno de ánimos, pensaba que podría tener una nueva relación, en cuanto terminará por extraer el tumor que se había vuelto la relación con María, de hecho esa misma tarde lo solucionaría.

Caminaba por las calles de la ciudad, tomando un pequeño atajo hacía al parque, vestía una chamarra de mezclilla gris, una playera negra con el logo de “The Anonimus”, unos jeans azul-grisáceo y unos tenis rojos, llevaba un paso seguro y decidido, para cuando llego al parque, en el kiosco lo esperaba una chica con gesto de enfadada.

            -Te tardaste-le reprochó-Dijiste que estarías aquí a las cuatro en punto.
            -Huy, perdón-dijo Alberto-Haber María ¿Cuántas veces llegaste tú tarde y jamás me quejé?
            -Bueno-se apenó-Pero no es para que me respondas así.
            -Mira-empezó Alberto-Acepté verte para terminar por lo sano con todo.
            -Pero yo no quiero terminar-le dijo María.
            -Hemos terminado y vuelto como tres veces-se exasperó Alberto-Esto ya no es amor, es solo un berrinche que tiene la niña.
            -¡Un berrinche!-le gritó-¡Tú eres el que ha tratado con una letal indiferencia!
            -Ah, buen titulo para una canción-bromeó.

María le dio una cachetada y antes de irse le espetó.

            -¡Muy bien!, lárgate con tu darketa, ya me contaron que la tratas muy bien, ¡pues vete con esa!
           
Alberto se quedó parado un rato en el mismo lugar, pensando que estaba bien haber terminado con ella, pero que quizás se le había ido un poquito la mano en la forma que lo hizo, se encogió un poco de hombros y regresó a su casa, tenía trabajo que hacer.

Al día siguiente, notó como María y sus amigas cuchicheaban a sus espaldas, decían cosas como que era un hipócrita, cruel y desalmado, lo que le resulto un poco divertido, incluso, solo para estar chingando, le pidió a Oscar  y Hugo que compusieran una canción sobre una letal indiferencia.

            -Ah no mames calvo-dijo Oscar-Esta muy gandalla ¿No?
            -Si, no chingues-añadió Hugo-Es como si nos burláramos de ella.
            -Bueno ya no-aceptó-Entonces mejor me salgo para no estar escuchando a esas viejas.

Se levantó de su butaca, tomó su mochila y salió del salón, pero cuando daba la vuelta, vio recargada en la pared bajo las escaleras a Sonia, se quedaron viendo un rato y Alberto solo hizo un gesto de recordar algo, puso su mochila en el suelo y busco algo dentro de ella, después de un rato sacó un CD de ella.

            -Ten-le dijo mientras le extendía la mano con el CD-Dije que te lo prestaría.
            -Ah…-respondió Sonia-Gracias.
            -No es nada, no es nada-dijo quitándole importancia-¿Qué hacías ahí abajo?
            -Solo me escondía de la luz del sol-contestó-Me quema a estas horas.
            -Ah-dijo-¿Piel delicada?

Siguieron platicando y Sonia reía de las ocurrencias del joven baterista, incluso se mostró alegre cuando Hugo se inmiscuyo en la conversación, cuando estaba a punto de terminar el descanso, a Alberto se le ocurrió una idea.

            -Oye ¿Te gustaría venir a uno de nuestros ensayos?
            -Bueno-aceptó-Al menos ya tengo una excusa para salir esta tarde.
            -Mira, para llegar, tomas la calle Revolución hasta la privada de Mina, después, buscas una bodega que dice “Almacenes García”, el ruido delata el lugar-explicó Alberto.
            -Nos vemos entonces-dijo Sonia y se despidió.

En el ensayo de esa tarde, Alberto se encontraba un poco a la expectativa de que apareciera Sonia tocando la puerta, pero ya casi terminaban de ensayar y ella no daba señas de llegar.

            -¡Vientos!-exclamó Hugo al terminar la canción-Ahora vamos a seguir con… ¿Quién chingados toca la puerta?
            -¡Esa no me la sé wey!-dijo en broma Isaac.
            -A ver-dijo Oscar y se asomó-Eeeeh, Alberto, ahí te buscan.

Salió a ver el joven baterista,  Sonia se encontraba esperando parada frente a la puerta, vistiendo una sudadera y playera negras y un pantalón de estampado militar.

            -Vaya viniste-dijo Alberto al saludarla.
            -¿Qué? ¿Creías que no?-respondió-Si quieres, me voy.
            -No, no, espera-y regresó a dentro, les dijo algunas cosas a los demás y salió con su chamarra y su mochila-Vamos por un hot-dog, muero de hambre.

Caminaron hacia el parque, dónde en la noche, se instalaban los puestos de hamburguesas y hot-dogs, platicaban un poco sobre los ensayos, Sonia había llegado a la hora, pero prefirió ver como ensayaban por una ventana y tocar cerca del final.

            -Pero te ves muy distinto cuando tocas la batería-le dijo Sonia-Pareces otro, lleno de energía y sin miedo a nada, pareces completamente feliz.
            -Ah, eso es ahorita-explicó Alberto-Pero unas semanas antes tocaba bien, pero muy cuadrado, o sea, no mostraba expresión alguna, tocaba tal y como es la canción, sin nada extra.
            -Qué raro-comentó Sonia-¿Desde cuándo regreso tu energía?
            -Unas tres semanas-respondió.
            -Pues es casi el mismo tiempo que llevamos de conocernos ¿no?-dijo Sonia.
            -¿A si?-dijo como si nada Alberto-Vaya.

Llegaron al centro de la ciudad y se acercaron al puesto favorito de Alberto y pidió su hot-dog.

            -¿No quieres uno?-le dijo Alberto a Sonia.
            -Me gustaría-le respondió-Pero en mi casa me obligaron a comer si quería salir.
            -Ah, bueno-dijo dándole una mordida al suyo-¿Al menos un refresco?
            -Ese si te lo acepto-contestó.

Cruzaron la calle hasta una miscelánea y Alberto compró dos refrescos de cola, le entregó uno a Sonia y se sentaron en una banca del parque.

            -¿Sabes? Es curioso-empezó Alberto-Pero yo no sabía que ibas al mismo bachiller hasta que te vi debajo de las escaleras.
            -Pues yo ya sabía de ustedes-le contestó mientras abría su refresco-Desde aquella vez que tocaron en un evento de primavera de la escuela.
            -¡Ah sí!... ese-recordó Alberto-¿En el que se me declaró María?
            -Ese mismo.
            -Bueno-continuó-Pues yo ya la terminé, era una relación un poco, pues, enferma.
            -¿Cómo enferma?
            -Ah, pues verás-dijo Alberto haciendo un ademan-Ella quería que fuera tal y como ella quería, tenía que actuar y pensar de una forma que le gustara, con el tiempo, me harté y traté de dejarla varias veces, pero ella me convencía prometiendo que iba a cambiar.
            -Ja ja ja ja-rió un poco-En este mundo, habiendo tantos millones de personas, solo nos preocupamos por una, cuando ya la tenemos, si no nos agrada como es, tratamos de cambiarla, pero cuando tememos perderla, haces todo lo posible para que no se vaya.
            -Huy que profundo-respondió Alberto con un silbido-Tu novio debe ser muy asiduo a la filosofía también.
            - No tengo novio-le contestó-Pero más porque no he querido.
            -Qué raro-se extrañó Alberto-Bueno, una chica como tú sí me parece para estar sola, pero, ¿Al menos has tenido?
            -No, ninguno-negó Sonia con la cabeza-Mis historias románticas se ven truncadas desde la secundaria.
            -Ah caray-dijo Alberto-¿Qué paso entonces?
            -Pues una “amiga”, que, curiosamente se llama María igual, me “bajó” al chico que me gustaba-contó Sonia-Es una historia realmente infantil.
            -Pues cada quién arrastra sus propias heridas y las cataloga según le plazca-dijo Alberto dando otra mordida a su hot-dog.
            -Puede ser-dijo Sonia tomando de su refresco y viendo la hora en su reloj-Bueno Alberto, ya me tengo que ir, solo tenía una hora de permiso y ya me pase por un buen tiempo.
            -Está bien-contestó Alberto y apuró los últimos bocados de su hot-dog-Te acompaño a tu casa.

Caminaron rumbo a casa de Sonia, en el camino, Alberto le pidió un número al cuál poder hablarle por si quería tener excusa para salir, Sonia le dio el de su teléfono móvil y le pidió el suyo.

Y así todo comienza.

Alberto se veía un poco preocupado, ya había salido unas pocas veces más con Sonia y habían intercambiado muchos mensajes por los móviles, pero ahora si se le iba a “declarar”, ya lo había insinuado por los mensajes y sabía que Sonia era muy perspicaz para no darse cuenta. Desde de las doce de la tarde Alberto estaba limpiando y ordenando su departamento, aunque la había citado a las tres. Ya tenía todo listo pero aún así se sentía muy nervioso, pero reunió coraje y espero sentado en su cama a que llamaran a la puerta, dieron las tres y poco después se escucho que llamaban a la puerta, Alberto se levanto y abrió, Sonia entro tras de él, aún llevaba el uniforme de la escuela.

            -¿A penas saliste?-dijo Alberto tratando de dar un tono relajado.
            -Pues si-le contestó dejando su mochila cerca de una silla-Hoy salgo a las tres.
            -Ah bien, bien-respondió Alberto-Eh, ¿Quieres un poco de refresco?
            -Bueno, muero de sed.

Alberto sirvió dos vasos y le dio uno a Sonia, se sentaron.

            -Bueno, ¿Qué es lo que pretendes con tus mensajes?-preguntó Sonia.
            -Eh, pues quisiera que supieras-respondió Alberto-Que eres especial para mí, eres algo así como un cohete que me atravesó.
            -¿Yo?-se sorprendió.
            -Si, bueno-continuó Alberto un tanto nervioso-Puede que yo solo sea un vago y tú seas una noble, simplemente, capturaste mi atención.
            -¿Y eso significa?
            -Pues yo…-dudó un poco el baterista pasándose la mano por el cabello-Me gustaría que fueras mi pareja, te dejo todo a tu disposición, destrúyeme o dame alas.
            -Vaya-comentó-El niño sabe lo que quiere, está bien, digo que sí.

Se levantó y lo abrazó, sus mejillas coincidieron y se dieron su primer beso.

[…]



Todo se había vuelto negro, lo único que era visible, se encontraba bajo la luz del reflector

            -Bueno Joven amigo ya viste como empezó todo con Sonia-dijo Alberto, que estaba parado junto al brujo, llevaba su sombrero cortado y su gabardina negra.
            -¿Qué es todo esto?-dije algo mareado-¿Qué está pasando?
            -Esto es lo que has guardado dentro de ti-me respondió-Y lo que está pasando es la restructuración.
            -¿Para qué me hicieron ver cómo le propuse a Sonia que fuera mi pareja?-pregunté.
            -Toda historia tiene un principio-dijo el brujo pasando su mano por la cara y se volvió J. Alberto-Había que verlo para entender el resto.
            -Ahora-continuó Alberto-Déjame presentarte como fue el motor S2, ese turbio tema que creíste muerto y salió a flote en estos días.

J. Alberto se acerco a mí con el mismo fuego azul en su mano

            -¿Listo?-dijo-Aquí vamos.

[…]

domingo, 21 de octubre de 2012

Capítulo XX Los quince años parte III


-Confusión-

Había sido un fin de semana intenso, más por la resurrección de el motor S2, el segundo intento de volver con Sonia, pero no creo que sea exactamente el mismo, tiene una especie de aumento en los deseos carnales, me asusta, desplaza por completo a Ingrid de mis pensamientos, aunque sé que se toparía con una negativa, este motor es muy agresivo.

No mostraba seña alguna de la tormenta interior que tenía, centraba todas mis fuerzas en mantener una fachada estable, por suerte, aunque lamente decirlo, Ingrid me llamó para decir que saldría de la ciudad por la semana pero que llegaría para la fiesta.

            -Perdón Alberto, pero tengo que ir a hacer algunos trámites a mi casa.
            -Na, no hay problema-respondí-¿Pero llegarás?
            -Si-contestó-Llego directo a la fiesta, ¿la dirección está en la invitación que me diste?
            -Ajá, está en la tarjeta.
            -Bueno-dijo-Nos vemos en la fiesta.

Si Ingrid me hubiera visto, habría adivinado todo lo que me pasaba, parece que ella pudiera ver a través de mí y peor, la hubiera entristecido por el sentimiento por Sonia y el egoísmo que lo alimentaba.

Pasaron los días y la fecha de la fiesta se acercaba, ya había enviado la batería con Hugo para que todo estuviera listo a la hora de la tocada, afinamos algunos detalles como los horarios por teléfono. Me aterraba esa fecha y ni estaba muy seguro por qué, todo en mi cabeza era muy confuso, no sabía qué era lo que pasaría pero, pasase lo que pasase, todo estaría bien, ni si quiera tenía idea de por qué tenía la certeza de que todo saldría bien, es como si solo lo supiera.

Tomé la libreta de mis versos y escribí:

¿Debería? ¿Podría? ¿Te tendría?

No, no lo sé, te quiero destruir y no puedo, siempre hay algo por lo que no puedo, te deseo y sé que no te tengo, sin embargo sigo aquí, de terco.

Me has asustado, has cambiado, los años no pasaron en vano, ya no eres la misma a la que quise, y sigo en este juego de no irme.

He perdido las esperanzas, he perdido cientos de corazones, la sangre está seca y me desgarro el alma en miles de direcciones.

Vagué, vago y vagaré perdido en mi propia inmundicia, creada por tanto deseo y codicia, me desvelo por recuerdos, por viejas noticias.

Aquí ya no queda nada, este cascarón viejo se ha roto, las cadenas han sido retiradas y tiemblo, mis piernas no me aguantan, me caigo y me arrastro, las luces me espantan.

Siempre perdí la dirección, jamás acepté ayuda, nunca vi las señales, creí tener la razón, termine encerrado dentro de mi propia prisión.

¿Importa si digo que te amo? No, no tiene sentido, el amor es algo de lo que me he desentendido, lo tuve, lo perdí y lo busco, pero se ha escondido.

Pese a las oportunidades y la ayuda, no veo más allá de mis propias necedades, pienso que la mano que tomo es la de mis ilusiones.

Vuelvo a lo mismo, es un cabaret vicioso, un círculo que recorro por simple ocio, sigo cualquier indicio, cualquier seña que yo me crea como algo precioso.

Ya no quiero seguir en esto, es un infierno, un tormento, alguien por favor, ayúdenme, sáquenme, ¡Libérenme!

Corro, escapo, no hay más paredes ni inhibiciones, seré libre este viernes.

Ya un poco liberado por escribir eso, me senté y cerré los ojos.
 […]

-Extraña reconciliación-

Pasaban de las tres de la tarde, tenía una hora que había salido, pero no tenía ganas de irme, me paseaba por los pasillos y me sentaba cuando ya me había aburrido. Después de una media hora de andar deambulando por el colegio me topé con Fernanda, estaba sola, sentada en la biblioteca leyendo un libro de informática, sin pensármelo mucho me senté al lado y dije:

            -¿Haciendo tarea?
            -Eeeeh, pues sí-dijo mientras me miraba con un gesto de sorpresa-¿Y ahora ese milagro de que me estés hablando?
            -Pues creo que era cuestión  de tiempo-contesté-Ya ha pasado un buen rato, ¿Un año?
            -Si-continuó mientras hizo un poco de lado su libro-Parece que fue ayer cuando apenas y salíamos por primera vez, entonces de repente todo se vino abajo.
            -Estábamos apenas en el primer semestre en este colegio-recordé-Quizá, solo éramos dos chiquillos jugando a quererse.
            -Ja ja ja-rió ante el comentario-¿Y eso de dónde te lo robaste?
            -Pues a veces llego a tener buena vena poética muchacha.

Seguimos charlado por un buen rato, como creí que nunca podríamos volverlo a hacer, de repente, recordé la escena de cuando Aljeos me atacó.

            -Oye ¿es cierto que te gusta mi primo?-pregunté-Qué yo sepa solo vino una vez a visitarme, poco antes de que termináramos.
            -Pues solo lo dije porque sabía que estabas cerca-se ruborizó un poco mientras lo decía, pero se puso sería al continuar-Pero de haber sabido que te atacarían poco después, no habría dicho eso.
            -Ya veo-dije y me recargué sobre mi lado derecho-Y dime ¿Ya tienes novio?, los rumores dicen que tienes uno.
            -Ah, pero si ahora hasta rumores andas escuchando-dijo divertida-Pues sí, es una amigo de Andrés, se llama Sebastián, es un buen chico, pero tenía un poco de miedo que tú lo supieras, piensa que por cómo eres de raro, lo puedas golpear o hacerle vudú.
            -Chale-dije dejando caer un poco mi cabeza cómicamente-¿Esa es la idea que tiene la gente de mí?
            -Pues yo escuche de él que vio como dejaste golpeado a un tipo fuera de un bar, ¿Es eso cierto?-me preguntó apuntándome con su lapicero.
            -Pues sí-admití un poco despreocupado-Pero estaba molestando a una chica, así que fue justificado.
            -Pero según dicen, el tipo tenía varios huesos rotos y estuvo un buen tiempo en el hospital-añadió.
            -Ay-dije con cara de sorpresa-Creo que se me fue la mano.

Reímos, en eso llegaron sus amigas y se fue con ellas, también pasó Andrés por ahí y me fui con él.

            -¿Estabas platicando con ella?-me preguntó asombrado-¿Desde cuándo…?
            -Hace poco menos de media hora-respondí antes de que terminara su pregunta.
            -¿Pero cómo?-volvió a preguntar incrédulo.
            -¡No tengo la más mínima idea!-exclamé entre risas y le puse un mano en la espalda-¿No quieres ir a comer?

Salimos de la biblioteca y fuimos a comer en la cafetería escolar.

[…]