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sábado, 23 de julio de 2011

Una pequeña charla con Albert

¿Oh por dónde empezar? Han pasado tantas cosas desde que me vine pa’l DF que no sé por dónde empezar, empecemos por el principio.

Como en los primeros días de junio apliqué para un puesto de practicante en sabritas y entonces hay voy emprendiendo mi viaje al DF, con ayuda de mi amiga twitera Ericka pude llegar a la planta y entonces empezó la entrevista (a la que cabe mencionar llegué tarde).

Primero me pasaron a mi amiga Ernestina y a mí a una salita en las oficinas y nos hicieron un examen de cómo 6 hojas (Geezus!!!) Luego de que lo terminamos, ya nos separaron para hacer la entrevista, luego llego el que sería mi jefe a hacerme la entrevista, me preguntó que sabía hacer y ya me puse a decir toooooodo lo que sé y algo de lo que he hecho, luego mi jefe empezó a revisar mi cúrriculum (que es una cosa muy triste, como 3 hojitas, descontando las copias de los diplomas y eso) y luego muy divertido me dijo que el cumplía años el 13 de julio (un día antes que yo) y… ¡ya! Mágicamente era un flamante nuevo practicante en sabritas.



Albert en su disfraz de practicante

Los primero días en el DF fueron de adaptación, bueno, yo siempre quise vivir acá, por lo que me costó menos, pero a mi amiga si le costó más, por ser esta la primera vez que abandonaba su pueblo, pero solo era cuestión de ir a la planta y regresar al depa, lo que hago (no puedo decirles mucho, políticas de secreto industrial y esas cosas) es básicamente analizar las materias primas para ver que son buenas para hacer las sabritas y demás. Es un trabajo pesadon, hay que ir por chingo mil de muestras y analizarlas, casi todas al mismo tiempo y luego en las líneas de producción hace un maldito calor del demonio o  hay unas maquinas que hacen un ruido infernal, o luego los condimentos son tan picantes que no puedes respirar a gusto, pero estoy aprendiendo mucho y haciendo cosas que en la escuela JAMÁS aprendí.

Los fines de semana básicamente me dedico a 2 cosas: Dormir y lavar ropa (cosa por la cual extraño mi casa donde la lavadora hace todo y yo solo tengo que meterla y sacarla de ella) pero también me dedico a explorar las cosas que me interesan del DF, de momento he ido a bellas artes, el zócalo y Coyoacán, con mi amigo Hugo he muerto de la risa con el juego de peleas que armó y probado unos tacos enormes y deliciosos por su casa en azcapo.


Bellas Artes (duh!)

Pasé mi primer cumpleaños fuera de mi casa, según el internetz fue ÉPICO pero, meh, ese día un mugroso análisis no me salió, y mi jefe me estaba viendo, al final fue culpa de un reactivo viejo que ya no servía ¬¬, pero el día anterior, fui a ver transformers 3 al cine ¡en 3D! me encantó, fue lo mejor que he visto en el año y dejó a mi niño interior más que satisfecho, luego el viernes de esa semana me fui comprar mi regalo, que fueron unos sticker de Belivac, tan bien bonitos.

Bueno de momento, eso es todo, por lo pronto seguiré explorando mientras pueda, esta entrada es experimental, si quieren saber de algo en específico, déjenme su opinión en los comentarios, trataré de poner una entrada diaria, para que no digan que los abandono, ¿vale? ¿Estamos? Ok, nos vemos en algún momento y en algún lugar

martes, 5 de julio de 2011

Capítulo VII Laberinto

Ha pasado un poco de tiempo desde el ataque de Aljeos, un mes para ser específicos, las cosas no han cambiado en nada, en la escuela no paso de un susto generalizado para los alumnos y profesores, además de un cambio en el trato de las personas hacía mi.  Lo que me sorprende un poco es la ausencia de Ingrid por tanto tiempo, he llegado incluso a pensar que se marcho de la ciudad, es lo más probable.

Mis padres decidieron que ya estaba lo suficientemente recuperado y me dejaron vivir solo otra vez. Mi casa estaba un poco abandonada, las cuentas del agua y teléfono estaban debajo de la puerta cuando entré, las tomé y las dejé sobre la mesa, di un pequeño recorrido por mi casa, para tomar un respiro de esta atmosfera tan llena de mi, para revivir el recuerdo de Ingrid, de su perfume y el delicioso aroma de su comida. Mi libreta de anotaciones estaba sobre mi cama y, hasta ahora lo notaba, tenía una anotación que no era mía, con una letra delgada y fina…

“Escribes muy bien, es una muy buena huella del duelo que se avecina en tu espíritu, la inevitable confrontación entre cada una de tus facetas.”

Quedé un poco confundido, pero igualmente alagado por ese comentario extraño en mi libreta. Daba igual de quien fuera y lo más probable es que fuera de alguno de mis “yo”, me recosté en la cama y recordé todo lo acontecido durante la recuperación: Las transfusiones de sangre, la visita de mis padres, pero sobre todo la de Sonia, que además resulto ser quien me encontró en tal situación y, ahora que la recuerdo, quede de hablarle para charlar un poco.

Salí a la calle para buscar una caseta telefónica y hacer mi llamada, después de una breve búsqueda, encontré una y marque su número.

            -¿Bueno?-respondió.
            -¿Qué tal?-dije.
            -Ah, eres tu-contesto-¿Cómo estás?
            -Mucho mejor-respondí-De las heridas ya solo quedan unas leves cicatrices, pero, hablaba para preguntarte cuando podemos hablar sobre lo que dejamos pendiente en el hospital.
            -Aich-se quejo-Siempre tan inoportuno.
            -Ja ja ja ja- me reí- Ya ves, soy como la menstruación, llega cuando menos la esperas.
            -Pero al menos de esa se puede esperar que no dure más de dos horas-dijo-A ti se te puede evitar.
            -Entonces he de suponer que no quieres hablar-contesté.
            -No es eso-dijo restándole importancia-Mira, mañana por la tarde tengo un rato libre, puedes pasar  a mi casa y  platicaremos si te parece.
            -Perfecto-concluí-Hasta mañana por la tarde.
            -Hasta pronto-se despidió y colgó.

Siguiendo mi camino, me dirigí al gato negro para tomar un café y leer algo, quizá comprar una revista, dado que desde que me internaron no he leído nada. Pero antes de llegar me topé con un extraño anuncio de cartulina: “Laberinto mental, donde cualquiera su destino sabrá, ya que el gran brujo se los dirá. Solo esta noche, parque del mirador, entrada fortuita.”

Esto me llamo fuertemente la atención, un laberinto mental, tal y como Alberto lo había venido pregonando con sus inmersiones, así que primero tomaría algo en el gato negro y después me dirigiría a ese laberinto. Al llegar al local el dueño me saluda y me pregunta por mi ausencia.

            -No se preocupe-dije después de relatar mi accidente-Ya estoy completamente recuperado.
            -Que bueno Alberto-me dijo-Siéntate, que hoy la casa invita.

En un momento ya tenía delante mi acostumbrado cappuccino y un platito con galletas, le pedí al dueño algo para leer y me llevo la revista más reciente del mes. Después de una media hora di las gracias y salí rumbo al laberinto, en especial me resulto un recorrido algo curioso ya que en ese parquecillo me habían ocurrido cosas importantes, como el ataque de Aljeos y el primer encuentro con Alberto.

Al llegar, noté que todo el lugar estaba cubierto por una vieja lona y un destartalado letrero de luces rezaba “Laberinto mental”. Era muy poca gente la que entraba o salía, pero cada una entraba como por  azar del destino y fue entonces cuando comprendí: “entrada fortuita”, no entrarías porque quisieras si no porque era un capricho de la naturaleza de las personas o, como decía la cartulina, por el destino. Después de titubear un rato, me decidí a entrar y lo que vi me sorprendió.

Por todo el laberinto había una multitud de personajes enmascarados y vestidos elegantemente, pero con extravagancia y un aura de misterio. Pasaban por mi lado mientras caminaba por el laberinto, las personas a las que había visto entrar interrogaban a los personajes y algunos respondían con gran sabiduría, otros, contestaban solo con frases enigmáticas y algunos solo decían sandeces o cosas sin sentido pero con un gran sentido del humor, cuando, de repente, paso por mi lado una chica enmascarada que llamó mi atención, llevaba un sencillo vestido negro, una máscara blanca y una larga cabellera negra.

            -Buena noche-dije-¿Estoy cerca de llegar al brujo?
            -Bastante-respondió-Y te diré que eres el primero que llega tan rápido hasta aquí.
            -¿Acaso debía tardar?-pregunté.
           
            -Ya veo-comenté-Vaya, también supongo que usan lo que la gente les dice para lograrlo, si la entrada es fortuita, ustedes deben saber quien está aquí porque así lo dicta su destino y quien solo entró por curioso.
            -¡Bravo!-exclamó-Aparte de rápido, observador, bien hecho joven, ahora solo siga como lo iba haciendo y llegará donde está el brujo.

Se despidió con un gesto de la mano y siguió su camino, la seguí con la mirada hasta que doblo por una calle del laberinto, caminé internándome más en el laberinto, ahora me parecía que cada vez me acercaba a donde se encontraba ese brujo, los minutos pasaban y veía a personajes cada vez más enigmáticos, pero un personaje vestido como conde se me acerco y me saludó.

            -Bienvenido seas a la parte final del laberinto-anunció-Ahora, solo tienes que seguir por este corredor y llegarás al brujo.
            -¿Por ahí está la salida?-pregunté.
            -No precisamente-dijo con una carcajada-Ya lo verá, ya lo verá.

 Se alejó con un paso sereno y elegante, como flotando por el laberinto. Seguí por donde me había indicado y encontré una pequeña mesa con una botellita, al lado de una puerta con una placa que decía:

“En este laberinto no hay salida, para ver al brujo solo tómese esta bebida”

En un principio desconfíe del contenido de la botellita, apenas me recuperaba de unas heridas graves como para tomar licor  alguno, después de inspeccionar la botella y no detectar el aroma del alcohol, me decidí a tomar de la botellita, era un líquido agridulce, con un sabor a hierbas medicinales y aromáticas algo concentrado. La puerta se abrió lentamente, o eso me pareció, porque ese líquido parecía haber aletargado un poco mis sentidos.

Entré en una extraña  habitación iluminada por cuatro pequeñas antorchas pegadas en las paredes y en el centro se encontraba una pequeña sala y en uno de ellos se encontraba sentado el brujo, vestido con una levita negra, me saludo con una sonrisa y me invitó a sentarme.

            -Ya te habrán dicho-dijo-Qué eres el primero en llegar tan rápido hasta aquí.
            -Si-respondí-Me lo dijo la chica de negro y la máscara blanca.
            -Ah vaya-contestó-Además de eso, le hablaste a ella, y no para conquistarla, solo por hablarle, ella debe estar muy contenta por eso.
            -¿Por qué?-pregunté.
            -Veras-dijo-La mayoría de los que la ven solo quieren conquistarla y llevársela de aquí, cuando a ella la pueden encontrar en cualquier parte sin necesidad de llevársela de aquí, ella pertenece al mundo, no al laberinto, esos hombres son los que ella termina perdiendo por este laberinto y tenemos que sacar después de cerrar.
            -¿Y qué hay del hombre que me topé antes de llegar  aquí?-dije-Ese vestido como un conde, me dijo como llegar.
            -Además de la chica, le hablo el conde-dijo sorprendido-Y no solo eso, te dijo como llegar, normalmente, él se encarga de perder a los que no entraron por su destino, si no por mera curiosidad y eso está prohibido en nuestro laberinto, pero para que el conde te dejara pasar  así de rápido, debe haber notado algo único en ti.
            -Bueno-inquirí-Dígame, ¿Cómo es que les dice su destino a los que llegan hasta este punto?
            -Eso lo digo, preguntando a que personajes les hablaron o preguntaron algo-dijo-.Pero tú eres un caso especial, llegaste aquí por un fuerte y oscuro designo, solo hablaste con mis dos personajes más importantes, así qué...- Se levanto y sacudió un poco su mano derecha, que empezó arder en una llama de un azul muy pálido, casi traslucido, se acerco a mí y me puso la mano en la cabeza. Fue como el impacto de un rayo, miles de imágenes pasaban delante de mis ojos, momentos alegres, instantes de pasión con cada una de mis compañeras en la vida, los tiempos del completo y absoluto dominio de la razón, los primeros versos en la libreta, los paseos nocturnos y los arranques de furia. Siguió así por un rato y después quito su mano y se volvió a sentar. Me dirigió una mirada cómplice y después rió un poco.

            -A ti no te puedo decir tu destino-dijo.
            -¿Por qué?-pregunté, un poco decepcionado.
            -Porque tú destino está en tus manos-me dijo paternalmente-Es por eso que el conde te dejo pasar tan rápido y como le hablaste a la chica, eso te hace el primero al que no le puedo decir su destino, tus facetas están muy dispersas entre sí, cada una por su lado pero todas unidas a ti por un fuerte lazo.
            -Entonces ¿de mi depende mi estado?-dije.
            -Así es-concluyó-A cada persona que vino a este laberinto les di una especie de interpretación de su destino, pero tú tienes un poder completo sobre él, eso te hace único, las demás personas se dejan llevar por él, pero tú decides que hará él contigo.
            -Así que toda decisión que tome afectará mi estado-dije en voz baja-.Muchas gracias, ¿por dónde puedo salir?

El brujo señalo un corredor que no había visto al entrar, me despedí del brujo y salí al mirador, me encamine a mi casa y pensé en cómo utilizar mi destino para terminar bien este proceso con mis “yo”, Ingrid y el asunto con Sonia, de repente, recuerdo que he quedado de verla, me apresuro a casa para dormir un poco.

lunes, 16 de mayo de 2011

Capítulo IV Ingrid

En un tranquilo bar estaban dos personas hablando, uno más alto que el otro.

            -¿Cómo habrá logrado salir?-preguntó el más alto mientas sorbe un poco de su copa de vino.
            -En realidad es muy sencillo-respondió el otro-Solo tenemos que estar  en el lugar adecuado en el momento más inesperado, así podremos salir.
            -Pero ¿Acaso no dejaremos un vacío aquí adentro?
            -No del todo, recuerda que somos parte de él, él es todo, nosotros solo somos una parte, además, nunca abandonaremos del todo el interior, tendremos un recipiente externo, un huésped, si así lo quieres ver.
            -¿Entonces viviremos?-pregunto el otro.
            -En teoría, no recordaremos lo que antes hicimos aquí, pero nuestras formas de pensar seguirán intactas.
            -¡Ya quisiera ver la cara de Alberto al vernos!-Rió el primero.
            -No estoy seguro de que nos reconozca, ni nosotros a él, quizá con el tiempo nos recordaremos unos a otros.

Y siguen platicando, planeando su fuga, mientras siento una brisa, percibo un suave perfume y un agradable olor a comida. Lentamente me despierto y ella me saluda jovialmente.

            -¡Buenas tardes! Vaya que duermes profundo, pensé que con el ruido de la cocina te despertaría.
            -Te diré, es la primera vez que duermo tan bien-dije.
            -¿En serio?-pregunto mientras colocaba un sartén al fuego.
            -Si normalmente solo duermo unas tres o cuatro horas-contesté mientras me sentaba en una silla.
            -Pues hoy rompiste con esa tradición, es la una.
            -Si tienes razón, a todo esto ¿Cómo te llamas?
            -Pensé que nunca lo preguntarías, me llamo Ingrid.
            -Ah vaya, yo me llamo Alberto, bueno en realidad tengo otro nombre pero me llaman más por Alberto.
            -Yo también-respondió-Pero ese nombre forma parte de lo inefable.

Ambos reímos, ella siguió cocinando algo que no me dejo ver y yo tomando una taza de café.

            -Alberto ¿Te puedo preguntar algo?-dijo al cabo de un rato.
            -Si, adelante.
            -¿Por qué no tienes nada de comer en tu refrigerador? Cuando quise preparar algo vi que solo tienes hielos, latas de refresco y un poco de leche.
            -Ah, eso, pues verás, normalmente nunca como aquí, los refrescos son para cuando llego a tener visitas y la leche para mi café.
            -¿Tomas mucho café?
            -Solo una taza en la mañana y otra en la noche.
            -Ya veo.

Por fin, después de unas horas, Ingrid terminó un platillo que consistía en una porción de carne asada con vegetales salteados y un puré de papa. Como era la primera comida que se hacía en mi casa, consideré que sería la ocasión perfecta para sacar un vino que, por impulso, compré cuatro años atrás, un vino tinto algo seco.

            -Esto es para darte las gracias por lo de la madrugada-dijo.
            -¡Bah! No fue nada, solo lo ahorqué y eso fue todo-contesté.
            -No digas eso, que por un momento te tuvo a su merced.
            -Es cierto.
            -Además tienes un ojo morado.

Volvimos a reír, la comida estaba deliciosa y el vino la acompañaba excelentemente. Después de comer le propuse dar un paseo por la ciudad, aceptó y, además, dijo que podríamos ir al gato negro en la noche.

            -¿Lo conoces?-dije sorprendido.
            -Si, mi casa queda cerca de ahí.
            -Oye, a propósito, ¿Qué hacías en ese bar?
            -Ah, pues tenía que cobrarle un dinero a ese tipejo
            -Vaya, creo que después de eso ya no te lo va a pagar.

Reímos otra vez  salimos a dar el paseo por la ciudad. Era una bella tarde con rayos rojos y naranjas que se reflejaban en las nubes, anunciando el fin de este día.

Y vaya día, que en menos de tres horas me llevo a tener mi primera pelea, casi matar a un hombre y después llevar a una desconocida a casa, todo esto iba completamente en contra de la monotonía que se había apoderado de mi vida.

            -Sabes, siempre he pensado que soy una especie de pseudomisántropo- dije al cabo de un rato.
            -¿Por qué?
            -Por qué, es difícil explicarlo, siempre han pesado mucho los recuerdos en mi, tienen un poder absoluto sobre lo que hago, además, siempre mantengo mi distancia respecto a otros y cuando llego a formar una relación, siempre el golpe me lo llevo yo.
            -Mmm, parece que temes lastimar y salir lastimado-dijo.
            -Si, por eso la distancia y aun más, aunque trato de eliminar el poder de los recuerdos, no puedo, siempre regresan.
            -¿Eso qué tan seguido lo haces?-preguntó.
            -Muy esporádicamente.
            -Ahí está el problema, hazlo a cada momento, nada en ellos, ahógate si quieres, piensa y piensa en ellos por días y verás cómo, poco a poco, los recuerdos van perdiendo su poder.
            -Muy bien, lo haré.
            -Bueno Alberto, hemos llegado a mi casa ¿Te parece bien que nos veamos en el gato negro dentro de dos horas?
            -De acuerdo.
            -Hasta pronto-dijo y se perdió tras la puerta.

Vaya día, vaya día, al parecer mi corazón se ha vuelto a abrir a alguien, para Alberto deber ser algo digno de festejarse, pero para mí es preocupante, mostrarme humano me aterra, paso enfrenté del gato negro cuando Alberto va saliendo.

            -¡Vaya casualidad joven amigo!-dijo alegre.
            -Cierto, ¿Dónde te has metido?
            -Ah, eso no tiene importancia, pero quiero saber algo ¿Quién era esa chica con la que pasaste hace un rato?

Relaté todo lo acontecido a Alberto, que tenía una cara de gran contento y alegría.

            -Con que Ingrid ¿Eh? ¡Pero me sorprende más todo lo que hiciste!
            -A mí me preocupa
            -Vamos, deja esa fría razón, un equilibrio entre pasión y razón es lo que necesitas, además de la inmersión en los laberintos de la mente.
            -¿Cómo son esas inmersiones?
            -Ya lo verás, ya lo verás, por ahora solo te puedo decir que consiste en una serie de preguntas.
            -¿Qué clase de preguntas?
            -Ah, sobre esto y aquello-dijo restándole importancia-Pero tengo algo más importante que decirte, más bien es un mensaje para alguien-hizo una pausa y después dijo en un tono profundo, casi de ultratumba-Dentro o fuera da igual, siempre estaremos ligados a él mis amigos.
            -¿Qué?-pregunté extrañado y asustado.
            -Tranquilo, es para unos amigos míos dentro de ti, pronto los conocerás.
            -¿Cómo? ¿Dentro de mí?
            -Claro, son parte de ti, yo salí de tu interior, tengo una vida corpórea aquí afuera, pero cuando todo el proceso que se ha iniciado para ti termine tendré que volver.
            -¿Qué proceso?
            -Ah, verás, cada parte de tú personalidad saldrá y cuando lo haga se pondrá en contacto contigo, cuando todos hayan salido, tú tendrás que decidir cuáles regresarán y cuáles no, para ser sincero, solo somos cuatro.
            -¿Y quiénes son?
            -Tomamos uno de tus nombres, yo soy tú pasión y tomé Alberto, tú razón tomó José y el tercero que es un equilibrio entre José y yo, tomó tus dos nombres, aunque a él José lo tiene completamente manipulado.
            -¿Y el cuarto?
            -Él es al que ninguno de nosotros tres tratamos, tú furia tomó por nombre Aljeos, una mezcla de tus dos nombres y es el del único que hay que cuidarse.
            -¿Por qué?
            -Ya lo sabrás, por ahora no te quito más tiempo, tienes una cita y no debes faltar y te doy un consejo-se acercó y me dijo al oído-No la dejes ir.

Se despidió y se perdió entre la gente que caminaba. ¿Cuándo conoceré a mis personalidades? ¿Dónde? Me quede parado un buen rato, cuando escucho abrirse una puerta. Es Ingrid. Sonrío.