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viernes, 2 de mayo de 2014

Selective Wounds - 6

Bajaron cerca de una esquina del súper mercado, Julieta se acercó a la banqueta seguida de Noel, caminando un poco llegaron a una cerca metálica. Julieta sacó sus llaves y abrió la puerta que daba acceso a una unidad de edificios de departamentos muy juntos uno al otro, algunos tenían pequeño jardín enfrente o un perro que les ladraba desde un enrejado. Noel seguía de cerca a Julieta mirando por todas partes, tratando de adivinar cuál sería su casa. Doblaron a la derecha por una de las últimas calles, cerca de unos lujosos condominios, a Noel se le hizo un nudo en la garganta y sentía como el alma se le caía a los pies, pues pensaba que era posible que ella viviera en alguna de esas lujosas casas. Pero el miedo que sentía pronto desapareció cuando Julieta se detuvo cerca de una casa un poco más grande que las demás, con una sencilla barda de cemento y rejas negras. Por encima de la reja del patio crecía un limonero lleno de frutos y a su lado una bugambilia.

-Aquí es –Dijo Julieta dando la vuelta y levantando los brazos-. Hogar, dulce hogar.
-Ándale –comentó Noel dando un saltito para alcanzar una hoja el limonero-. Esta bonita tu casa.
-Pasa –lo invitó abriendo la puerta-. Creo que mi mamá todavía no llega y mi hermana no está.

Al abrir la puerta de la casa se encontraron en la sala, donde las paredes blancas lucían una foto de los padres de Julieta en día de su boda, en otra estaba toda la familia y había una foto de graduación de cada uno de sus hermanos. En un mueble de madera había un televisor y un dvd, bajo estos se encontraba un estéreo. En el centro se hallaba una mesita de cristal con una carpetita blanca bordada y un jarrón con flores. Más hacia a dentro se veía el comedor y la concina, por la izquierda, tras el mueble del televisor, estaban las escaleras.

-¿Tienes sed? –Preguntó Julieta- ¿Quieres un vaso de agua?
-Ah –respondió un poco apenado Noel- Si, porfa.

Julieta fue hasta la cocina y sirvió el vaso de agua, Noel le agradeció y vaciló entre sentarse en la sala o en el comedor, así que mejor optó por imitar lo que hiciera Julieta, quien se sentó en el sofá más grande de la sala.

-¿Quieres ver la tele? Porque yo sí –dijo mientras tomaba el control remoto y sintonizaba un canal de música- Mira, va empezando un video de Queen.

Empezaron a charlar largamente de diferentes bandas, Noel era quien particularmente hablaba más, pues de lo poco que se sabía que hacía era tocar la guitarra, rock, alternativa e independiente eran sus generos favoritos. Mencionaba desde grupos ya conocidos, como Oasis y Led Zepellin, hasta nombres de bandas a los que Julieta ponía una cara extrañada por los curiosos nombres que tenían, tales como The Morning Benders y PartyClub.

-Sabes mucho de bandas ¿Por qué no tienes una? Sería genial ir a verte tocar alguna vez.
-Bueno –contestó Noel agradeciendo el elogio- Hubo un tiempo que lo intenté, cuando empecé a estudiar aquí, pero fue terriblemente difícil encontrar a un bajista y un baterista decentes, al final preferí seguir tocando solo.
-Mmm, ya veo –dijo Julieta quitándose un mechón de cabello de la frente- Pero creo que mejor me pongo a hacer mi tarea, porque si no, luego no me da tiempo.
-Te ayudo, ¿Qué tan difícil puede ser?
-Ya verás.

Julieta sacó de su mochila una libreta verde con estampado de un águila y un libro grande y pesado. Abrió la libreta y pasó las hojas hasta encontrar la hoja donde tenía apuntada su tarea.

-Mencione que influencia tuvo el mestizaje y las castas en la idiosincrasia del México virreinal –recitó.
-¿Qué? –Exclamó Noel con una mueca- Eso sí suena complicado.
-Te dije –respondió ella con una sonrisita- No es tan sencillo. Además, ¿Tú no tienes tarea?
-Ah, yo rara vez la hago –dijo rascándose la punta de la nariz- Para eso existen los diez minutos antes de clase.
-¡Pero ya estás en la universidad! –lo reprende Julieta-No puede ser que todo lo hagas al último momento.
-Bueno –dice Noel recostándose en el sofá-¿Nunca conociste a nadie que pasara sus materias sin estudiar ni hacer el máximo esfuerzo?
-No –murmuró Julieta.
-Pues encantado de conocerte –responde él señalándose con un dedo de forma altanera.
-Ay ajá –se burla ella aventándole un cojín-. Ya mero has de llevar un buen promedio.
-Pues de momento y si no pasa nada fuera de lo común –contestó Noel reflexionando mientas atrapaba el cojín con una mano-. Me estaría escapando del examen profesional por una décima.
-No, no –sacude la cabeza Julieta y cruzando los brazos-. Esto no se puede quedar así.

Y se lanza hacia Noel empezando a hacerle cosquillas, quien se hace una bolita, cosa difícil por lo larguirucho del muchacho, él empieza a contraatacar, haciéndole cosquillas a Julieta en el estómago. Como consecuencia de esa batalla de cosquillas, Julieta queda sobre Noel, sus rostros están tan cerca, sus ojos son separados por escasos centímetros, sus alientos se mezclan y sus corazones laten apresuradamente. El escenario perfecto está colocado.

domingo, 6 de abril de 2014

Selective Wounds - 5


Al siguiente día por la tarde, poco después de haber salido de su última clase, Noel se encontraba lavándose los dientes, los amigos de Gerardo de habían ido en la mañana, pero él no se había ni levantado en todo el día. Entonces se abrió la puerta y Gerardo salió, su cuarto emanaba  una no muy agradable mezcla de olor a cigarros con sudor.
-Hazte pa’lla Noel –dice mientras lo hace a un lado-. Quiero mear.
-Nada que –le responde molesto y no lo deja pasar-. Ahora te esperas a que acabe wey.
-F’uta ¿Ya vas a empezar de diva? ¿Pus ‘ora que te hice?
-¡Espérate! –y le azota la puerta del baño en la cara.
-Ah, ya me acordé, ¿Es por lo de la morrita de ayer verdad? Ya, ni fue pa’ tanto… Espera –golpea su puño derecho con su otra palma-. ¡Ajá! Solo si eso planeabas estarías así de enojado conmigo.
-¿Planear que wey? –dice Noel saliendo del baño secándose la cara con una toalla.
-¡Ay si, planear que! –Se burla Gerardo-. No te hagas Noel, ¿Comida? ¿Tu cuarto limpio? No, no, no, para mí que te la pensabas tirar aquí condenadote.
-¿Qué? Estas mal –lo empuja Noel.
-Ya, admítelo, tiene como tres años desde que andabas con la punketita de historia del arte, yo digo que lo que te falta es una buena cojida para que se te calmen los nervios –mientras dice eso, saca de la bolsa de su pantalón un envase de plástico y de él un condón-. Ve y te tiras a la Julietita, hazlo por tu propio bien, te lo recomiendo yo, que no por nada estudio pa’doctor.
Le deja el condón en la mano a Noel y se regresa a su cuarto. Noel se queda plantado con cara de no tener la más mínima idea de que fue lo que pasó, guarda el condón en una bolsita del interior de su mochila y toma rumbo hacía el metro.
Ya habiendo abordado hacia metro Hidalgo le manda un mensaje a Julieta avisándole que ya se dirige a verla. El transborde entre la línea 3 y la 2 era un poco pesado, sobre todo en día de quincena, ya que las estaciones no tenían nada que envidiarle a un hormiguero. Al tercer intento pudo abordar en dirección a cuatro caminos, al bajar y dirigirse a la salida vio a Julieta, levantó su mano para que lo viera y saludarla.
-Te tardaste ¿Qué había mucha gente?-comenta Julieta después de saludarlo.
-Estaba bien cañón, creo que una sardina tiene más espacio en su lata –Se queja Noel mientras caminan hacia la salida de la estación-. El chiste es que ya llegué.
-Bueno, bueno ¿traes monedas? Por qué los choferes de las micros de por aquí se ponen medio violentos si pagas con un billete.
-Je, je, que bueno que agarré mi morralla de los cambios del súper –ríe con saña Noel y le enseñó un puñado de monedas.
Salieron de la estación y doblaron hacía la izquierda. La banqueta de la avenida era amplia. En sus negras planchas se veían multitudes de chicles pegados y unos cuantos excrementos de paloma, mientras que los lados estaban llenos con puestos de ambulantes. Julieta y Noel iban platicando animadamente, cruzando la calle hasta llegar a la base los microbuses. Subiendo primero Julieta y luego Noel, pagó el pasaje de ambos con monedas de cincuenta centavos, el chofer le hizo una mueca de fastidio al contar las moneditas y comprobar que era la cantidad correcta.
-Ah que carita me puso el chofer-dijo Noel al sentarse al lado de Julieta-¿Pues no que quieren que les paguen con cambio?
-Pero tampoco es para que les pongas puras monedas de cincuenta centavos.
-Meh, detalles –respondió ladeando la cabeza-. ¿Dónde nos bajamos?
-En el Big-Mart de Cuitláhuac –contestó-. Falta un poco todavía, ¿Hablaste con Gerardo?
-Un poco –dijo Noel, recordó la plática que tuvo con él antes de salir y sintió que se sonrojaba un poco, para disimularlo, recargó la cabeza sobre el asiento delantero-. Pero no dijo nada importante ni se disculpó.
-No te preocupes, de todas formas no podría haberme quedado hasta tarde.
-¿Y eso? –añadió Noel viéndola de reojo.
-Bueno, a mi mamá se le ocurrió hacer limpieza general de la casa ayer y me dijo que no le importaba con quien fuera a verme, tenía que estar a las 4 en la casa.
-Ósea que no te hubieras podido quedar mucho tiempo de todas maneras-completó Noel, pensando que, aunque no hubiera regresado Gerardo, su plan se habría ido a pique de cualquier forma.
El microbús pasaba por calles con camellones arbolados y con algunas flores que los vecinos de las casas cercanas se esmeraban en mantener sanas pese a la contaminación y los perros de otras colonias. Dobló a la derecha frente a una iglesia dónde al parecer se estaba celebrando una boda. En algunas de las calles el tráfico era un poco pesado y no hizo falta que a alguien le recordaran a su madre. Después de pasar un rato en el que recorrieron varias cuadras, Julieta empezó a pararse.
  -Ya casi vamos a bajar -le dijo Julieta tocándole el brazo-. Ya hay que irnos parando.
-Ah, bueno-y haciendo fuerza con el pasamanos, se levantó de su asiento.

jueves, 6 de febrero de 2014

Selective Wounds - 4

En ese momento, la puerta del departamento se abre de golpe y entra Gerardo, el compañero de departamento de Noel, junto a él vienen otro chico y dos chicas, Gerardo se queda impresionado al ver a Julieta y a Noel. Su mirada va de uno al otro y suelta una fuerte carcajada e invita a pasar a sus acompañantes, entran dando traspiés, saludan como si nada y se pasan directo al cuarto de Gerardo quien después de un rato regresa al comedor y se planta en el umbral del comedor con una sonrisita medio ida.
-Así te quería agarrar, Noelcillo, ¡Tigre! –Dice mientras le pone un brazo alrededor del cuello a Noel-. A ver, ¿Quién es esta señoritita?
-Eeeeh, mi nombre es Julieta, mucho gusto –responde algo incómoda Julieta.
-Aaaaaah si, si, ciertamente –acuerda Gerardo y se agarra el mentón, como tratando de recordar algo-. ¡Claro! La buenorra de cuarto semestre de Sociales, ¡Ay pinchi Noel!  ¡Perro! Bueno, los dejo muchachitos, sigan en su comida, yo me voy a comerme otras cositas.
Se levanta de la mesa y se va caminado con paso inseguro a su cuarto, al cerrar la puerta se escuchan risas y algunos chiflidos.
-Perdona  por eso, no pensé que se le podía ocurrir a este wey regresarse al depa para seguirle al chupe –dice Noel poniéndose una mano en la frente.
-No te preocupes –le responde Julieta dándole unas palmaditas-. No es tu culpa.
-De cualquier manera, no fue precisamente amigable.
-Ya, no te mortifiques –lo consuela y le revuelve el cabello-. Se hacía tarde y ya me tenía que ir.
-¿Qué? –Se extraña Noel levantando la cabeza-. Pero si todavía ni son las 4, Falta el postre y la película.
-Si, ya se –le responde levantando un hombro-. Pero ahora el ambiente aquí ya no es precisamente tranquilo.
Mientras dice esto se lleva un dedo a los labios y señala hacía el cuarto de Gerardo, de donde provienen unos “extraños” gemidos y suspiros.   
-Oh… Pues…Eeeh si, tienes razón, pero no te irás sin el postre –y Noel Se levanta, toma un tupper de la cocina, pone tres duraznos con crema y se los da a Julieta.
-Gracias –Responde ella mientras pone el tupper en su mochila-. ¿Nos vemos mañana en mi casa?
-Claro, solo que tengo un problema.
-¿Cuál?
-Qué no sé dónde vives.
-¡Menso! –le da un zape-. Mira lo que tienes que hacer es tomar el metro hasta la estación Hidalgo, de ahí transbordas a la línea 2 y te bajas en Normal, ya ahí te espero yo.
-Bueno, te mando un mensaje cuando ya vaya para allá.
-Bien, hasta mañana –le da un beso en la mejilla y sale del departamento, Noel la sigue con la vista hasta que sale del edificio, cierra la puerta, y bastante molesto se va a su cuarto, pero antes de entrar, se para en la puerta del de Gerardo.
-Oye Gerardo, wey –dice dándole de golpes a la puerta-. ¡ERES UN  PENDEJO!
Se encierra en su cuarto y para no escuchar el ruido de Gerardo, prende su estéreo y se pone a escuchar su nuevo disco de los Stereophonics. Gerardo había arruinado sus planes, pues después de comer, planeaba poner la película de Donnie Darko, quizá Julieta se hubiera acurrucado junto a él y ya con eso tendría una excusa perfecta para tenerla cerca y dado el momento, avanzar para tratar de conseguir un beso; o al menos conseguir el ambiente adecuado para decirle que fuera su novia, pero la llegada de Gerardo tumbo todo. Pero había esperanza, al menos ya sabría dónde vivía Julieta.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Selective Wounds 3

Es casi la una de la tarde, Noel espera un poco nervioso a que suene el timbre, ha pasado gran parte de la semana limpiando y ordenando su cuarto, casi se ahoga con los vapores de los limpiadores tan potentes que compró para sacar algunas manchas rebeldes, la sala y el comedor se encontraban mejor que nunca y la cocina era un lugar ordenado y limpio, donde unas cacerolas desprendían deliciosos aromas y no el agujero biológico-infeccioso que era la semana pasada.

Aún con esa mejoría en su departamento, Noel no se calmó ni un poco, aunque se había bañado dos veces, puesto desodorante del más protector y aromático que encontró, se había lavado los dientes cuatro veces y usado hilo y enjuague en cada vez, sentía que algo se le había olvidado.

A la una y cuarto, el timbre sonó, Noel se paró de un salto y tomó el interfon.
-¿Quien?
-Soy yo –respondió Julieta.
-Pásale –contesto Noel mientras accionaba el interruptor para abrir la puerta del edificio. Julieta abrió y subió hasta el departamento de Noel, quien ya le había abierto la puerta.
-Eeeeh, Noel –dijo al saludarlo-. ¿Por qué no traes playera?
-¿Qué? –Se sorprendió y regresó corriendo a su cuarto a ponerse una volviendo un poco sonrojado-. Perdón, diablos sabía que se me olvidaba algo.
-No te preocupes –contesta divertida-. ¡Vaya! Este lugar parece nuevecito, pero ¿Y tú compañero?
-Ah, Gerardo anda de briago con sus cuates, no creo que regrese hasta bien noche, pero, ¿Quieres comer?
-¿Hiciste de comer? –Se sorprende-. ¡A ver! ¿Qué hiciste?
-No es nada del otro mundo –dice Noel-. Solo es un poco de pasta, unas costillas en salsa y de postre unos duraznos en almíbar.
-¿Con crema?
-Claro.
-Pues comamos, ya veremos qué tal te quedó todo.

Julieta toma asiento en la mesa, Noel entra a la cocina y sirve 2 platos de pasta de pluma en salsa de tomate y queso parmesano gratinado, ya con los platos servidos, pasó dos vasos y una gran jarra de agua de Jamaica. Julieta toma un bocado y se queda sorprendida.

-¡Noel, esto esta delicioso!
-Gracias, es una receta de mi mamá
-Pero en serio, es una buena pasta, no te conocía esas habilidades “Chepino” 
-¿Chepino?
-Si –explica haciendo círculos con el tenedor-. Como la cocinera, Chepina Peralta –Al ver que Noel no más no entiende-. Salía en la tele hace mucho.
-No tengo idea de quién es esa.
-Bueno, no importa, está muy sabrosa la pasta.
Siguieron comiendo y Julieta quedó bastante impresionada por las costillas, y hasta una segunda porción le pidió a Noel.
-¡Vaya! Normalmente no como dos veces el mismo plato.
-Yo podría comer costillas todo el tiempo.
-Ya lo creo –le dice Julieta inflando los cachetes-. Los hombres no engordan sin importar que coman, bueno, eso hasta que se casan y lo único que hacen es sentarse a ver el fútbol.
-Bueno, entonces nunca me voy a casar –responde burlón Noel.
-¡Méndigo! –reclama y le lanza una patadita por debajo de la mesa.
-¡Ouch! Órale, que violenta –se queja Noel mientras se soba la espinilla.
-Para que no andes diciendo babosadas.

sábado, 31 de agosto de 2013

Selective Wounds 2

2

Pero volvamos a la cita que tenían el día de hoy, pues, aunque Noel todavía no le proponía que fuera su novia, la idea ya había rondado sus pensamientos varias veces, solamente que nunca encontraba la manera correcta de hacerlo.

            -¿Para qué es todo eso de las empresas?-Pregunta Julieta-Es que se me hace bien raro todo eso.
            -Pues disque es para inculcar el espíritu emprendedor en todos nosotros –dice Noel con falso entusiasmo-. Pero a mi parecer, hasta el momento ha sido un desperdicio de tiempo y dinero.
            -Pero algo bueno ha de dejar ¿No? –pregunta y Noel le regresa una mirada sarcástica-. ¿Nada? Ja ja ja ja, entonces creo que sí, es una manera muy babosa de perder el dinero.
            -Psssseeee –Dice Noel, mira su reloj y la voltea a ver-Oye, de verdad que me la estoy pasando genial, pero me tengo que ir.
            -¿Ya? ¿Tan rápido?-se extraña Julieta-¿Pues qué hora es?
            -Las 5.
            -¡¿Ósea que llevamos 5 horas de vagos?!
            -Eso parece –sonríe Noel.
            -Esta bien jovencito-dice Julieta mordiendo la punta de su dedo índice-. Pero te acompaño a tu depa y te dejaré en la terminal.
            -Ja ja ja-ríe Noel-Como gustes.

Caminan tomando rumbo hacía el departamento de Noel, para llegar, toman un camión que los deja cerca, pero tienen que atravesar un mercado que se había colocado en ese día, pasan por entre los puestos de fruta y la gente, se separan para poder avanzar más rápido, se voltean a ver y ríen, vuelven a juntarse poco antes de salir del mercado. Llegan al complejo de edificios donde vive Noel, caminan hacia el edificio “V”, entran y se detienen frente al apartamento 104.

            -Bueno ya llegamos –dice Noel atropelladamente-. ¡Nos vemos!
            -Déjame adivinar –Lo  detiene Julieta con una mirada acusadora-. Todo está desordenado ¿Verdad?
            -Desordenado es una palabra muy…
            -¿Corta?
            -El lugar parece zona de guerra –dice  pasándose una mano por la cabeza y cerrando un ojo.
            -Bueno, pasa por tu maleta, yo te espero allá abajo.

Noel entró rápidamente a su departamento, en la sala reinaba el caos, revistas y envolturas de chatarras sobre la mesa, chamarras  y suéteres en el sofá, en el suelo había boronas de comida, latas de cerveza y botellas de refresco volcadas, unos tenis se secaban colgados de la ventana, en la mesa había platos y vasos de la cena del día anterior y las sillas tenían trapos.

El cuarto era un desastre total, la cama completamente deshecha, con cinturones, playeras, calcetines colgando de la cabecera. A un lado de la cama estaba un estéreo, con pilas de cd’s, películas, revistas y algunas monedas. Bajo la cama había un revoltijo de zapatos, tenis y botas, en una esquina estaba la maleta con la ropa sucia que Noel iba a lavar llevando a casa de sus padres. De una patada levantó la tapa de la maleta, la cerró y la sacó del cuarto, tomó un billete de manos de un Optimus Prime que tenía cerca de la salida y bajó de tres en tres las escaleras.

            -Listo-dijo Noel sacudiéndose las manos-Vámonos.
            -¡Vaya, que rápido! ¿Seguro que no te falta nada?
            -Yo creo que no… Bueno, ordenar y eso, pero ya cuando regrese.
            -Flojo –le recriminó Julieta.

Salen del edificio y caminan por los jardines que separan a la unidad de la avenida, cruzan el puente peatonal para llegar a la parada de los camiones que acercan a Noel al metro para llegar a la terminal de autobuses. Ya en la terminal, Noel se acerca a una panadería a comprar unas donas para su viaje y en una tienda cercana compra unos cafés.

            -Ahora me toca invitar a mí.
            -Gracias Noel, oye ¿Nos podemos ver otro día?
            -¡Claro! –dijo-. Cuando quieras ¿Te late el jueves? Total, ese día tendremos medio día de clases.
            -Esta bien –acordó Julieta-. Nos vemos en tu depa el jueves a la una. Espero que ahora sea un lugar apto para chicas. Bye –Se despidió con un beso en la mejilla.

            -Hasta luego –dice Noel y cuando Julieta se da la vuelta para regresar a la estación del metro, ve como se pierde entre la multitud, se toca la mejilla, sonríe y se dispone a abordar su autobús.

lunes, 5 de agosto de 2013

Selective Wounds - 1

         Selective
                Wounds

1

En un billar de un centro comercial en La zona norte de la ciudad de México una pareja está pasando la tarde juntos, no tienen mucho tiempo de haberse conocido, Julieta y Noel, ambos se conocieron en la biblioteca de su escuela. Esta es una de sus primeras citas.

-¿Crees que ese tiro servirá Noel? –Dice Julieta, una chica morena mediana, ni muy alta ni muy chica, con un cabello negro un poco más largo que la línea de sus hombros, desde su banca –. Porque has estado pésimo toda la tarde
-¡Tiene que servir Julieta! –responde Noel, un muchacho larguirucho con una nariz un poco ganchuda, de cabello un poco rizado y una barbita en el mentón, poniéndole tiza a su taco –. Nada  más no te vayas a ir pa’tras con este tirazo.

Acto seguido su tiro contra la bola 5 termina con la bola blanca yéndose directamente a la buchaca sin tocarla siquiera, muerta de risa, Julieta solo termina de meter la bola 8 y terminan su juego.

-Ahí tienes-le dice picara –. Una blanqueda completita.
            -¿Por qué no me dijiste que eras tan buena? Rayos eso fue…
            -¿Impresionante? ¿Demoledor? O, mi favorita personal, ¿Humillante?
            -A veces eres mala con ganas –le reprocha Noel –.Tiene  mucho que no juego billar y nunca fui muy bueno.
            -Ya, no te pongas así, vamos, te invito un helado –lo consuela Julieta dándole una palmaditas en el hombro.

Salen del billar y toman rumbo hacia un parque de la ciudad, es un soleado día de primavera, la gente pasea por los jardines, los niños corren uno tras otro, algunos ancianos le dan de comer a las palomas que unos niños gustan de asustar, varios comerciantes en sus carritos hacen sus ventas con las familias, grupos de amigos y parejas que hay en el parque. En el kiosco, Noel y Julieta conversaban mientras comían un helado de naranja con chile, Julieta estaba recargada sobre sus codos en la reja mientras Noel se recargaba con su espalda dando al parque.

            -Hay mucha gente y niños hoy-dijo Julieta.
            -Es un día bonito-contestó Noel-Qué bueno que me quedé, así pude pasarlo contigo.
            -Es cierto-dice Julieta-Oye ¿A ti te gustaría tener hijos?
            -Ahorita no-responde rápido-Pero con el tiempo si, ¡Sería como tener tu propio pokémon!, verlo subir de nivel, evolucionar y así.
            -Ja ja ja ja-rie Julieta y come un poco de su helado-Vamos a dar un vuelta, ya me duelen los codos.
            -Vamos.
           -¿Por qué te quedaste Noel?-pregunta Julieta mientras salta las escaleras-¿No te ibas a tu casa este fin de semana?
           -Bah, me tuve que quedar por una tontería de las incubadoras de empresas a las que te obligan a entrar los maestros.
           -¿La cosa esa por la que nos hiciste una entrevista a mis amigos y a mí?
           -Esa misma.

Es en esta parte, en la que nos remontamos hasta el momento en el que Noel vio por primera vez a Julieta.

En una tarde de febrero, Noel se encontraba sentado en una mesa de la biblioteca, revisando algunas cosas en su laptop, cuando volteó a ver a su alrededor antes de tronarse el cuello y entonces la vio.

Unas cuantas mesas más atrás de él se encontraba sentada Julieta, trabajando con sus compañeros, Noel la vio con interés, pues ¿Cómo decirlo? ¿Amor a primera vista? Un concepto viejo y trillado, pero así sucedió. Disimuló, o al menos así pretendió hacerlo, el hecho de haber volteado, pero la siguió observando por el reflejo que hacía un cristal enfrente de él.

            -¿Ya viste a la chica que esta atrás de ti Noel?-le pregunta su amiga Natalia-Es completamente de tu onda.
            -Si, ya la vi Nat-contesta Noel-Es guapa.
            -Entonces ¿Qué esperas?-le reprendió Natalia-¿Una invitación formal?
            -No es tan simple Natalia-se quejó.
            -Aish, eres un idiota-terminó Natalia y se fue.

Pasó algo de tiempo y Noel tomó la decisión de irse, guardó su laptop, tomó su mochila y unas encuestas que llevaba ese día en particular, salió de la biblioteca y tomó rumbo hacia la salida, cuando de repente se detuvo en seco, haciendo un brusco giro, volvió sobre su pasos y regresó a la biblioteca, sacó de su mochila una encuesta que tenía que llenar y se acerco a la mesa donde se encontraba Julieta.

-Ah… Disculpen-dijo-¿Les puedo hacer una encuesta?
            -Bueeeeeno-dijeron.

Noel hizo su encuesta, y al terminar les preguntó su nombre a todos, al hablar con ella le extendió la mano.

            -Eh… Me llamo Julieta.
            -Un gusto, me llamo Noel.

Noel se despidió, pero sin embargo en su interior, algo empezaba a andar… Algo que llevaba más de tres años sin funcionar, se llenó un hueco que por años había estado vacío… Se podría decir que su corazón volvía a tener una razón para latir.
Tenía una confusión en su interior, no sabía por qué, de repente, ella era el centro de sus pensamientos, o por qué todo lo que hacía, pensaba, decía o escribía lo encaminaba hacia a ella.

miércoles, 2 de enero de 2013

Capítulo XX Los quince años parte V


-Escenario  Nº 1-
Motores S: Origen

Tres años y cinco meses antes

El pulso como loco, las bocinas casi reventando, el público completamente enloquecido, en el escenario, “The Anonimus” deleitaba a la muchedumbre, pero el baterista se veía retraído, hasta ausente, su rostro no parecía inmutarse ni expresar la más mínima emoción, con un último remate, el batería dio por terminada la canción con la que el grupo se despedía.

            -¡AH!-respiró el vocalista ya en el cuarto trasero del escenario-Otra buena tocada, ¿Vamos por unos tragos?
            -Yo paso-dijo el baterista secándose el sudor de la cara-Me voy ya para mi casa.
            -Vamos calvo-le dijo el guitarrista-Ya pasaron más de dos meses, ya supera lo de María.
            -Anda-lo animó el bajista-Solo un trago.
            -Bah, de acuerdo.

Saliendo de ese cuarto y mezclándose con la gente se dirigieron a la barra, el vocalista pidió un tequila Sunrise, el bajista y guitarrista unas micheladas y el baterista un vampiro, cuando todos tuvieron sus tragos, buscaron una mesa libre, una vez sentados, todos chocaron los vasos.

            -Por “The Anonimus”-dijeron.

Pese a que se veía un poco más animado por el trago, el batería no dejaba de mostrarse ausente.

Al siguiente día, en el salón de clases que compartían los integrantes en el bachiller de la ciudad, todos se veían un poco trasnochados por la tocada y los tragos, de los cuales se les había ido la mano en la sexta ronda, pero trataban de tomar notas para no reprobar ese bimestre, del cual dependía el permiso de sus padres para mantener la banda.

            -Hugh-dijo el vocalista en un descanso-Vamos a la cafetería por un refresco o algo para comer.
            -Bueno Hugo-dijo el guitarrista-Pero yo solo quiero el refresco, si como algo siento que me voy a vomitar.
            -Ay mugre Oscar nenita-le dijo el bajista-Yo quiero una torta de jamón y un refrescote.
            -Eso lo dices tú Isaac-intervino el baterista-Pero a ti nunca te pega tanto la cruda.

Caminaron hacía la cafetería bromeando y comentado los detalles de la tocada de la noche pasada, ya una vez que compraron sus cosas e iban de regreso a su salón, Oscar el guitarrista propuso ensayar esa tarde.

            -Bueno-dijo el baterista-Pero después de que tenga lista la tarea de inglés para pasárselas.
            -¡Ah cierto!-exclamó Isaac-Qué bueno que lo dice Alberto ¿Cuál me toca?
            -La de matemáticas-le respondió Hugo-A mí me toca la de taller de lectura y la de química, total, es poca.
            -Y creo que a mí me toca de física y biología-añadió Oscar.
            -Bueno-dijo Alberto-Pasamos por Oscar a su clase de guitarra en la casa de la cultura como a las seis ¿no?
            -Perfecto y de ahí nos vamos a ensayar a la bodega y terminando hacemos la tarea-acordó Hugo.
            -Bueno apurémonos a tragar que ya mero empieza la siguiente clase.

Eran las seis y cuarto, en la clase de guitarra de Oscar ya se encontraba Alberto esperando a que terminara, mientras que una chica vestida de negro que practicaba enfrente de él lo veía intermitentemente, cosa que puso un poco nervioso a el joven baterista.

            -Perdón por llegar tarde-dijo Isaac al entrar-Pero me quedé a comer en mi casa y apenas terminé la tarea.
            -No hay problema-dijo Alberto e hizo un gesto con la mano-A este wey le falta otro rato en su clase.           
            -¡Ay mendigo Alberto!-le dijo Isaac dándole un codazo en las costillas-¿Ya viste? La chava de enfrente no más se te queda viendo.
            -Si ya me di cuenta-respondió sobándose las costillas-Me da algo de miedo, su mirada es como que muy penetrante.
            -¿Acaso eres idiota?-le contestó-Es porque le interesas, baboso.
            -Qué va ser.
            -Bueno-dijo Isaac-Yo si le voy a hablar, a ver qué pedo.
Y dicho esto, se levanto, tomó prestado un bajo y se puso a practicar cerca de la chica, al cabo de un rato ya estaban platicando, para Alberto le resulto un poco decepcionante el que no hubiera tenido las agallas para ir a platicar con la chica, pero desde el incidente con María, sus agallas parecían haberse ido de vacaciones.

            -¡Oye Alberto!-llamo su atención Isaac, sacándolo de sus pensamientos-¿Traes tu discman? Es que la compañera quiere mostrarme algo de música.
            -Espera-dijo revolviendo en su mochila-Por aquí anda.

Tras una pequeña espera sacó el aparato de su mochila se levantó y se acerco a ellos, le puso pilas y sacó el CD que llevaba dentro.

            -Ah, ese disco-dijo la chica-Es de una serie japonesa ¿Cierto?
            -Pues si-admitió Alberto-Es de “Escaflowne”, es muy épico, por eso me gusta.
            -Ya veo-comentó la chica-¿Has escuchado alguna vez a “Lacrimosa”?
            -No-respondió-Pero hubo un tiempo en el que estuve tentado a comprar uno de sus discos, pero algo me dijo que no lo necesitaría.
            -Weyes-intervino Oscar-Ya está el Hugo allá afuera, vámonos.
            -Bueno compañera…-Isaac hizo una pausa, como preguntándole su nombre.
            -Sonia-respondió-Sonia Carmona.
            -Sonia-continuó-Yo soy Isaac y él es Alberto, nos vemos.
            -Si quieres-empezó Alberto-Te puedo prestar el disco.
            -En otra ocasión-respondió Sonia y se despidió con gesto de la mano.

Ese encuentro estaba sellado, estos dos jóvenes empezarían un nuevo romance.

Pasaron unas semanas desde ese encuentro, el joven baterista se sentía recargado y lleno de ánimos, pensaba que podría tener una nueva relación, en cuanto terminará por extraer el tumor que se había vuelto la relación con María, de hecho esa misma tarde lo solucionaría.

Caminaba por las calles de la ciudad, tomando un pequeño atajo hacía al parque, vestía una chamarra de mezclilla gris, una playera negra con el logo de “The Anonimus”, unos jeans azul-grisáceo y unos tenis rojos, llevaba un paso seguro y decidido, para cuando llego al parque, en el kiosco lo esperaba una chica con gesto de enfadada.

            -Te tardaste-le reprochó-Dijiste que estarías aquí a las cuatro en punto.
            -Huy, perdón-dijo Alberto-Haber María ¿Cuántas veces llegaste tú tarde y jamás me quejé?
            -Bueno-se apenó-Pero no es para que me respondas así.
            -Mira-empezó Alberto-Acepté verte para terminar por lo sano con todo.
            -Pero yo no quiero terminar-le dijo María.
            -Hemos terminado y vuelto como tres veces-se exasperó Alberto-Esto ya no es amor, es solo un berrinche que tiene la niña.
            -¡Un berrinche!-le gritó-¡Tú eres el que ha tratado con una letal indiferencia!
            -Ah, buen titulo para una canción-bromeó.

María le dio una cachetada y antes de irse le espetó.

            -¡Muy bien!, lárgate con tu darketa, ya me contaron que la tratas muy bien, ¡pues vete con esa!
           
Alberto se quedó parado un rato en el mismo lugar, pensando que estaba bien haber terminado con ella, pero que quizás se le había ido un poquito la mano en la forma que lo hizo, se encogió un poco de hombros y regresó a su casa, tenía trabajo que hacer.

Al día siguiente, notó como María y sus amigas cuchicheaban a sus espaldas, decían cosas como que era un hipócrita, cruel y desalmado, lo que le resulto un poco divertido, incluso, solo para estar chingando, le pidió a Oscar  y Hugo que compusieran una canción sobre una letal indiferencia.

            -Ah no mames calvo-dijo Oscar-Esta muy gandalla ¿No?
            -Si, no chingues-añadió Hugo-Es como si nos burláramos de ella.
            -Bueno ya no-aceptó-Entonces mejor me salgo para no estar escuchando a esas viejas.

Se levantó de su butaca, tomó su mochila y salió del salón, pero cuando daba la vuelta, vio recargada en la pared bajo las escaleras a Sonia, se quedaron viendo un rato y Alberto solo hizo un gesto de recordar algo, puso su mochila en el suelo y busco algo dentro de ella, después de un rato sacó un CD de ella.

            -Ten-le dijo mientras le extendía la mano con el CD-Dije que te lo prestaría.
            -Ah…-respondió Sonia-Gracias.
            -No es nada, no es nada-dijo quitándole importancia-¿Qué hacías ahí abajo?
            -Solo me escondía de la luz del sol-contestó-Me quema a estas horas.
            -Ah-dijo-¿Piel delicada?

Siguieron platicando y Sonia reía de las ocurrencias del joven baterista, incluso se mostró alegre cuando Hugo se inmiscuyo en la conversación, cuando estaba a punto de terminar el descanso, a Alberto se le ocurrió una idea.

            -Oye ¿Te gustaría venir a uno de nuestros ensayos?
            -Bueno-aceptó-Al menos ya tengo una excusa para salir esta tarde.
            -Mira, para llegar, tomas la calle Revolución hasta la privada de Mina, después, buscas una bodega que dice “Almacenes García”, el ruido delata el lugar-explicó Alberto.
            -Nos vemos entonces-dijo Sonia y se despidió.

En el ensayo de esa tarde, Alberto se encontraba un poco a la expectativa de que apareciera Sonia tocando la puerta, pero ya casi terminaban de ensayar y ella no daba señas de llegar.

            -¡Vientos!-exclamó Hugo al terminar la canción-Ahora vamos a seguir con… ¿Quién chingados toca la puerta?
            -¡Esa no me la sé wey!-dijo en broma Isaac.
            -A ver-dijo Oscar y se asomó-Eeeeh, Alberto, ahí te buscan.

Salió a ver el joven baterista,  Sonia se encontraba esperando parada frente a la puerta, vistiendo una sudadera y playera negras y un pantalón de estampado militar.

            -Vaya viniste-dijo Alberto al saludarla.
            -¿Qué? ¿Creías que no?-respondió-Si quieres, me voy.
            -No, no, espera-y regresó a dentro, les dijo algunas cosas a los demás y salió con su chamarra y su mochila-Vamos por un hot-dog, muero de hambre.

Caminaron hacia el parque, dónde en la noche, se instalaban los puestos de hamburguesas y hot-dogs, platicaban un poco sobre los ensayos, Sonia había llegado a la hora, pero prefirió ver como ensayaban por una ventana y tocar cerca del final.

            -Pero te ves muy distinto cuando tocas la batería-le dijo Sonia-Pareces otro, lleno de energía y sin miedo a nada, pareces completamente feliz.
            -Ah, eso es ahorita-explicó Alberto-Pero unas semanas antes tocaba bien, pero muy cuadrado, o sea, no mostraba expresión alguna, tocaba tal y como es la canción, sin nada extra.
            -Qué raro-comentó Sonia-¿Desde cuándo regreso tu energía?
            -Unas tres semanas-respondió.
            -Pues es casi el mismo tiempo que llevamos de conocernos ¿no?-dijo Sonia.
            -¿A si?-dijo como si nada Alberto-Vaya.

Llegaron al centro de la ciudad y se acercaron al puesto favorito de Alberto y pidió su hot-dog.

            -¿No quieres uno?-le dijo Alberto a Sonia.
            -Me gustaría-le respondió-Pero en mi casa me obligaron a comer si quería salir.
            -Ah, bueno-dijo dándole una mordida al suyo-¿Al menos un refresco?
            -Ese si te lo acepto-contestó.

Cruzaron la calle hasta una miscelánea y Alberto compró dos refrescos de cola, le entregó uno a Sonia y se sentaron en una banca del parque.

            -¿Sabes? Es curioso-empezó Alberto-Pero yo no sabía que ibas al mismo bachiller hasta que te vi debajo de las escaleras.
            -Pues yo ya sabía de ustedes-le contestó mientras abría su refresco-Desde aquella vez que tocaron en un evento de primavera de la escuela.
            -¡Ah sí!... ese-recordó Alberto-¿En el que se me declaró María?
            -Ese mismo.
            -Bueno-continuó-Pues yo ya la terminé, era una relación un poco, pues, enferma.
            -¿Cómo enferma?
            -Ah, pues verás-dijo Alberto haciendo un ademan-Ella quería que fuera tal y como ella quería, tenía que actuar y pensar de una forma que le gustara, con el tiempo, me harté y traté de dejarla varias veces, pero ella me convencía prometiendo que iba a cambiar.
            -Ja ja ja ja-rió un poco-En este mundo, habiendo tantos millones de personas, solo nos preocupamos por una, cuando ya la tenemos, si no nos agrada como es, tratamos de cambiarla, pero cuando tememos perderla, haces todo lo posible para que no se vaya.
            -Huy que profundo-respondió Alberto con un silbido-Tu novio debe ser muy asiduo a la filosofía también.
            - No tengo novio-le contestó-Pero más porque no he querido.
            -Qué raro-se extrañó Alberto-Bueno, una chica como tú sí me parece para estar sola, pero, ¿Al menos has tenido?
            -No, ninguno-negó Sonia con la cabeza-Mis historias románticas se ven truncadas desde la secundaria.
            -Ah caray-dijo Alberto-¿Qué paso entonces?
            -Pues una “amiga”, que, curiosamente se llama María igual, me “bajó” al chico que me gustaba-contó Sonia-Es una historia realmente infantil.
            -Pues cada quién arrastra sus propias heridas y las cataloga según le plazca-dijo Alberto dando otra mordida a su hot-dog.
            -Puede ser-dijo Sonia tomando de su refresco y viendo la hora en su reloj-Bueno Alberto, ya me tengo que ir, solo tenía una hora de permiso y ya me pase por un buen tiempo.
            -Está bien-contestó Alberto y apuró los últimos bocados de su hot-dog-Te acompaño a tu casa.

Caminaron rumbo a casa de Sonia, en el camino, Alberto le pidió un número al cuál poder hablarle por si quería tener excusa para salir, Sonia le dio el de su teléfono móvil y le pidió el suyo.

Y así todo comienza.

Alberto se veía un poco preocupado, ya había salido unas pocas veces más con Sonia y habían intercambiado muchos mensajes por los móviles, pero ahora si se le iba a “declarar”, ya lo había insinuado por los mensajes y sabía que Sonia era muy perspicaz para no darse cuenta. Desde de las doce de la tarde Alberto estaba limpiando y ordenando su departamento, aunque la había citado a las tres. Ya tenía todo listo pero aún así se sentía muy nervioso, pero reunió coraje y espero sentado en su cama a que llamaran a la puerta, dieron las tres y poco después se escucho que llamaban a la puerta, Alberto se levanto y abrió, Sonia entro tras de él, aún llevaba el uniforme de la escuela.

            -¿A penas saliste?-dijo Alberto tratando de dar un tono relajado.
            -Pues si-le contestó dejando su mochila cerca de una silla-Hoy salgo a las tres.
            -Ah bien, bien-respondió Alberto-Eh, ¿Quieres un poco de refresco?
            -Bueno, muero de sed.

Alberto sirvió dos vasos y le dio uno a Sonia, se sentaron.

            -Bueno, ¿Qué es lo que pretendes con tus mensajes?-preguntó Sonia.
            -Eh, pues quisiera que supieras-respondió Alberto-Que eres especial para mí, eres algo así como un cohete que me atravesó.
            -¿Yo?-se sorprendió.
            -Si, bueno-continuó Alberto un tanto nervioso-Puede que yo solo sea un vago y tú seas una noble, simplemente, capturaste mi atención.
            -¿Y eso significa?
            -Pues yo…-dudó un poco el baterista pasándose la mano por el cabello-Me gustaría que fueras mi pareja, te dejo todo a tu disposición, destrúyeme o dame alas.
            -Vaya-comentó-El niño sabe lo que quiere, está bien, digo que sí.

Se levantó y lo abrazó, sus mejillas coincidieron y se dieron su primer beso.

[…]



Todo se había vuelto negro, lo único que era visible, se encontraba bajo la luz del reflector

            -Bueno Joven amigo ya viste como empezó todo con Sonia-dijo Alberto, que estaba parado junto al brujo, llevaba su sombrero cortado y su gabardina negra.
            -¿Qué es todo esto?-dije algo mareado-¿Qué está pasando?
            -Esto es lo que has guardado dentro de ti-me respondió-Y lo que está pasando es la restructuración.
            -¿Para qué me hicieron ver cómo le propuse a Sonia que fuera mi pareja?-pregunté.
            -Toda historia tiene un principio-dijo el brujo pasando su mano por la cara y se volvió J. Alberto-Había que verlo para entender el resto.
            -Ahora-continuó Alberto-Déjame presentarte como fue el motor S2, ese turbio tema que creíste muerto y salió a flote en estos días.

J. Alberto se acerco a mí con el mismo fuego azul en su mano

            -¿Listo?-dijo-Aquí vamos.

[…]